Limitar el consumo es una cuestión de responsabilidad

Autor: Redacción Re_Magazine - Tiempo de lectura: 5 min.

Acostumbrados como estamos a abrir el grifo y que el agua corra sin límites, solemos pensar que se trata de un recurso inagotable. Puede que sepamos que no lo es, porque nos lo han dicho, pero nuestro comportamiento diario parece indicar que no hemos interiorizado esa realidad. Pero es cierto, el agua no solo es un recurso finito, sino que además es uno particularmente mal distribuido. En un mundo en el que 115 personas mueren cada hora por falta de agua o por enfermedades relacionadas con ella, hacer un uso racional de este recurso es un ejercicio de responsabilidad.  

¿Somos un país rico en agua?

En 2018 cada español consumió diariamente, de media, 132 litros de agua al día. Curiosamente, solo 1,5 litros se destinaron a bebida. El resto se empleó (o se malgastó) en tareas de higiene y limpieza. Las cifras asombran: entre 100 y 200 litros en poner una lavadora, entre 18 y 50 en poner el lavavajillas, 100 si fregamos a mano, entre 35 y 70 litros por ducha, 200 litros si nos bañamos, 10 litros cada vez que vaciamos la cisterna del váter...

El consumo medio por habitante en nuestro país es muy parecido al del resto de los países de Europa. Aparentemente podemos permitírnoslo. España cuenta con mayores reservas de agua que la media de la Unión Europea. Y eso es algo que debemos, no a nuestro régimen de precipitaciones, sino a nuestro propio empeño: somos el país con más embalses per cápita del mundo. Sin ellos nuestra disponibilidad de agua no llegaría ni al 10% de la que tenemos (9.000 Hm³ de 106.000 Hm³). Es decir, que somos un país rico en infraestructuras hídricas, pero no en agua. 

De hecho, aún con todas esas reservas, los periodos de sequía son bastante habituales en España, una cada 8-10 años aproximadamente. Y los expertos avisan que el intervalo se reducirá en los próximos años, mientras que la duración de los periodos de escasez va a ir en aumento. No hace ni un año estábamos inmersos en la que ya se considera la sequía más destructiva de nuestra historia. ¿Pero hemos reaccionado de alguna forma? ¿Qué podemos hacer para reducir nuestro consumo?

gota de agua
Somos un país rico en infraestructuras hídricas, pero no en agua

Ahorrar agua en el baño

El baño es la estancia de la casa en la que más agua desperdiciamos. Solamente colocando reductores de caudal en grifos y cabezales de ducha ya conseguiremos reducir a la mitad el flujo (de 20 l/minuto a 10 l/minuto). Si además solo mantenemos los grifos abiertos cuando sea necesario (no hace falta tener el grifo abierto mientras nos limpiamos los dientes, nos afeitamos o nos enjabonamos en la ducha), el ahorro será mucho mayor.

dispositivo aireador
Es recomendable colocar reguladores de caudal

Las cisternas de vater son la otra gran vía de desperdicio de agua. Las actuales tienen un mecanismo doble de vaciado con el que podemos escoger entre una descarga de 3-6 litros o una de 8-10 litros. No cuesta nada prestar un poco de atención y emplear este mecanismo correctamente. Y sobre todo ¡no debemos emplear el inodoro como un cubo de basura! 

Para los muy concienciados existen otras medidas activas de ahorro. El Waterpebble es un pequeño dispositivo que se deja junto al desagüe de la ducha o del lavabo y que es capaz de medir la cantidad de agua que se escapa. Tomando la primera medición como referencia, en lo sucesivo el aparato nos avisa con un sistema de luces cuando nos aproximamos o sobrepasamos el consumo. 

Ahorrar agua en la cocina

Como no podía ser de otra manera, la cocina es el otro punto de la casa en el que más agua desperdiciamos. Obviamente aquí toda posibilidad de ahorro pasa por controlar el uso del grifo del fregadero, y podemos ahorrar bastante si cambiamos un poco nuestras prácticas. 

El lavavajillas consume menos agua que un lavado a mano, pero solo si lo ponemos en marcha cuando está lleno. A la larga resulta más barato tener más vajilla para poder disponer siempre de platos limpios que poner cada día el lavavajillas a un tercio de su capacidad. 

Si no tenemos la suerte de contar con lavavajillas, debemos tener cuidado de cerrar el grifo mientras enjabonamos toda la vajilla. Cada minuto que el grifo esté abierto estaremos desperdiciando entre 8 y 10 litros. Además, si los cubiertos, los platos o las cazuelas tienen suciedad muy incrustada, ahorraremos agua dejándolos en remojo un rato en lugar de empeñarnos en frotar y frotar bajo el grifo abierto. 

Tampoco emplearemos el agua del grifo como método para descongelar comida. Es mejor sacarla el día anterior del congelador y dejarla en el frigorífico. Y si no nos hemos acordado de hacerlo, recurriremos al microondas, todos tienen una función de descongelado.  

fregando
Mientras enjabonamos debemos cerrar el grifo
cargar la lavadora
La lavadora siempre la pondremos a plena capacidad

Ahorrar agua en limpieza

Si hay un electrodoméstico que no escatima en agua, ese es sin duda la lavadora. Cada lavado consume entre 100 y 200 litros, así que no debemos usarla de cualquier manera. Igual que el lavavajillas, lo más recomendable es usar la lavadora cuando tengamos una carga de ropa completa. Aunque el aparato venga con función de media carga, debemos saber que su consumo no se reducirá a la mitad, sino al 70% u 80%, así que dos lavados a media carga consumen más que uno a plena capacidad. 

Además, cuando llegue la hora de jubilar la lavadora, procuraremos que el nuevo electrodoméstico esté catalogado como muy eficiente (esto vale para todos los electrodomésticos, claro). En el caso de las lavadoras, además del etiquetado energético, debemos saber que las de carga frontal consumen menos agua que las de carga superior. 

Ahorrar en el jardín

Una buena idea para los privilegiados que tienen jardín es colocar un depósito que recoja toda el agua que nuestro tejado desagüe por bajantes y canalones en los días de lluvia. Después podremos emplearla para regar el césped o las plantas cuando falte la lluvia. 

En cualquier caso, si decidimos plantar césped, lo haremos en primavera u otoño, cuando la hierba joven demanda menos agua para crecer. Después, durante el verano, conviene dejarlo un poco más largo de la cuenta, pues eso ayuda a limitar la evaporación de la humedad del terreno. Y hablando de evaporación, debemos evitar regar durante el día; no sólo porque es malo para el césped, también porque el calor puede hacer que se evapore hasta el 30% del agua vertida.  

regando plantas
Es mejor regar al atardecer

Un grano de arena (menos)

El consumo doméstico de agua representa solo un 14% del total. Más de ¾ partes del agua consumida en España se destinan a regadío, mientras que la industria se lleva otro 6%. Por si eso fuera poco, las pérdidas en el suministro de agua llegan en algunas zonas al 50%. A la luz de estos datos puede parecer que por mucho que nos propongamos reducir nuestro consumo personal, el impacto de nuestros esfuerzos va a ser más bien reducido. 

Nada más lejos de la realidad. Con que cada uno de nosotros redujese en 10 litros su consumo diario, ahorraríamos 13.800 millones de litros al mes. Nada menos que 5.520 piscinas olímpicas. Y ojo, porque 10 litros es una sola cisterna del váter, un solo minuto con el grifo del fregadero abierto. Un gesto sencillísimo que, multiplicado por cada uno de nosotros, se convierte en un logro incalculable. Un grano de arena menos en el desierto en que se puede convertir un país sin agua.