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Copenhague en bicicleta
Copenhague en bicicleta

Copenhague en bicicleta

La capital de Dinamarca cuenta con 350 km de carril bici

Autor: Redacción Re_Magazine - Tiempo de lectura: 7 min.

Al final del paseo del Puerto (Langelinie), la figura más visitada de Dinamarca, el principal reclamo turístico de Copenhague, pasa totalmente desapercibida. La Sirenita, casi de espaldas al visitante, mantiene la mirada puesta en el mar. Rehúye de todo turista. Tal vez, porque sólo ella sepa el precio de su fama (dos veces degollada, tres mutilada, otras tantas arrojada al mar) y la realidad de su propia historia, más allá de la versión Disney. Nos lanzamos en bicicleta en busca de respuestas y encontramos el verdadero rostro de Copenhague: una ciudad de pasado bárbaro convertida ahora en un referente de paz, ecologismo y diseño.

Iniciamos el viaje a orillas del canal de Jorgens con las fachadas de las casas señoriales reflejadas en sus aguas y nos abrimos paso entre familias, ocas y personas que leen al sol. Pedaleamos con una de las bicicletas que se alquilan en los 110 puntos de la ciudad, una de las medidas por las que se ha ganado el reconocimiento de mejor ciudad del mundo para viajar en bici, además de su extensa red de carril para ello. Y no es para menos. Con cada pedaleo, dejamos atrás un árbol y disfrutamos de nuestra preferencia ante vehículos, viandantes y cualquier obstáculo del camino. Toca abrir bien los ojos porque al tercer puente giraremos a la derecha. Queremos salpicar nuestra ruta con los principales edificios turísticos. El primero el Jardín y Museo Botánico (Botanisk Have), Gothesgade 128.

casas copenhague
Vistas de Copenhague

En los terrenos de las antiguas fortificaciones de la ciudad han brotado ahora más de 20.000 especies diferentes de plantas. Las murallas protegen un gran jardín de 10 hectáreas de extensión y el foso da vida a cientos de plantas acuáticas.

Aparcamos las bicis en la entrada y caminamos hacia el interior. Es marzo y todo anuncia el cambio de la estación de nieve. La tierra está removida, los árboles sin hojas, el cielo gris. Un enorme invernadero de tres alturas aparece a lo lejos . En su interior se estudian más de 1.000 variedades de cactus, otras tantas plantas de café y hasta palmeras. No superamos la tentación y compramos en la tienda un trozo de este jardín con la ingenua ilusión de llevarnos un trozo de la paz que se respira en este parque, en cuyas raíces está todavía la sangre de la gente que luchó por defender la ciudad ante las invasiones enemigas.

manillar
manillar de bicicle
copenhague sirena
Sirena de Copenhague
copenhague bicicletas

De nuevo en la bici

Nos subimos de nuevo en la bici, seguimos en ruta. Atrás dejamos el jardín y museo botánico para pedalear ahora por los alrededores de Roseborg Slot, el palacio Real que levantó Christian IV en 1606 como residencia de verano y convertido ahora también en un gran museo. Contiene miles de objetos relacionados con la monarquía más antigua de Europa: cuadros, muebles, armas y joyas. Hemos llegado antes de las 12.00 del mediodía y contemplamos el campo de guardia. No superan algunos de los guardias los 20 años, pero desfilan con contundencia. Tanto que da respeto mantenerles la mirada. Les seguimos en bici en su ruta hacia la casa de la Reina. El semáforo pasa de ámbar a verde: pedaleamos y seguimos con nuestro tour.

Copenhague, como la Sirena ha preferido no derribar ni un palacio, ni una fortaleza que hablan de su pasado vikingo y bárbaro parar convertirlos en jardines y museos que cultiven una nueva historia pacífica y tolerante

Las orillas de la ciudad

Y en las orillas del puerto, permanecen testigos de esa época barcos de madera como el buque faro del siglo XIX, convertido en un restaurante. Un ancla que perteneció a una fragata danesa recuerda también su pasado marinero y rinde homenaje a todos los que perdieron la vida en la II Guerra Mundial. Fotografiamos las fachadas. Tal vez, desde alguna de ellas se asomara Hans Christian Andersen para mirar al cielo mientras escribía sus cuentos. Y es que en este barrio, hasta las paredes susurraran historias.

Volvemos al sillín, pedaleamos en paralelo al canal, rumbo al mar con el viento húmedo dándonos en la cara. En las orillas la marca negra de las mareas nos saluda junto a nuevos pabellones. Entramos en la Ciudadela (Kastellet) otra gran fortificación para protegerse del ataque de los suecos. Con forma de estrella de cinco puntas, la fortaleza ha sido también testigo de la historia del país. Tomada por las tropas nazis como cuartel general durante la II Guerra Mundial, pertenece ahora al ejército danés aunque los jardines y murallas están abiertas al público. En siglo XIX fue utilizado también como prisión y ahora pequeñas esculturas hablan del horror de la guerra. Un museo recoge la actividad y nombres de las personas que lideraron la resistencia nazi. Ni rastro de Sirena.

La paz del jardín botánico cambia ahora por el bullicio del centro de Copenhague. Los coches ceden el paso a las bicicletas, entre los edificios sobresalen las torres del Marmorkirken, una iglesia inspirada en la de San Pedro de Roma y que en origen quiso ser construida con mármol noruego. No tardaron en darse cuenta de que los 300 años del reinado de la familia de Frederik V se podían celebrar de una forma más sencilla y un siglo más tarde se cambió el mármol noruego por el danés para terminarla de una vez. Donde no se escatimó en gastos fue en escalones: 260 para alcanzar el campanario. Las vistas de la ciudad que ofrece bien merece la pena la fatigada subida. Aprovechamos para revisar el mapa. El bullicio del centro nos llama, con la calle Stroget llena de tiendas o las terrazas de las plazas empedradas y medievales de Kongens Nytorv y Radhuspladsen. Las dejamos para la noche. Seguimos hacia el Puerto, que la Sirenita nos espera.

Caminamos ahora con la bicicleta en la mano. Estamos en Nyhavn, el Puerto Nuevo, abierto por soldados entre el 1671 y 1673 para que los barcos atracaran con sus mercancías en el centro de la ciudad. Durante siglos fue la zona más oscura de Copenhague al habitarla marineros y mujeres de mala reputación. Habitaciones baratas, tabernas oscuras, tiendas de tatuajes, burdeles. Nyhavn ha dejado ahora su pasado más canalla para mostrar a lo largo de sus 300 metros de acera una de las caras más atractivas de la capital con sus casas estrechas de colores y sus aceras llenas de terrazas. Da igual el frío que haga, una manta, una estufa y una vela abrazan al visitante.

Marmorkirten
Iglesia de Marmorkirken
Sirena copenhague
La Sirena de Copenhague

Seguimos pedaleando. Empieza a nevar y un corro de turistas nos anuncia otro punto de interés. Al final del paseo, apoyada en una roca y de espaldas a los turistas encontramos por fin a la protagonista de uno de los cuentos más conocidos de Andersen. La misma que se enamoró de un príncipe y que ahora espera con la mirada puesta en el mar su regreso. Sigue nevando. El cielo gris descarga a cámara lenta lluvia, nieve, lluvia.

Walt Disney nos habla de una feliz sirena rodeada de amigos del mar y que lucha por cumplir sus sueños. La realidad se muestra diferente. Color cobre, sola, desnuda aguanta los flashes de los turistas pero no sonríe. Y es que Andersen dejó escrito otro final. El príncipe por el que dejó de ser sirena acabó casándose con otra. Y la Sirenita murió sola, sin romper el hechizo que le permitía volver al mar pero que pasaba por acabar con la vida del príncipe. Prefirió su espera convencida de que antes o después otro final llegaría para ella. 

Copenhague, como la Sirena ha preferido no derribar ni un palacio, ni una fortaleza que hablan de su pasado vikingo y bárbaro parar convertirlos en jardines y museos que cultiven una nueva historia pacífica y tolerante. Nos unimos a la Sirena y en silencio miramos al horizonte. Llueve y nieva.