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Día Mundial del Reciclaje, celebrando lo que debería ser costumbre

Recuperando la economía circular

Autor: Redacción Re_Magazine - Tiempo de lectura: 5 min.

Hoy, 17 de mayo, celebramos el Día Mundial del Reciclaje. Una efeméride que se celebra con el objetivo de generar conciencia en la población y que, como tantas otras, sería ideal poder dejar de celebrar algún día. Entretanto, tal vez merezca la pena repasar por qué es tan necesario hacer el pequeño esfuerzo de clasificar nuestros desperdicios.

Hay una anécdota que ilustra bien la evolución en la mentalidad de los países en relación con la necesidad de reutilizar los desechos de la economía de mercado.

Gary Anderson, un joven estudiante en la Universidad del Sur de California, declaró sentirse muy feliz cuando, a comienzos de 1970, supo que había ganado el concurso que había convocado la Container Corporation of America para escoger un emblema relacionado con el reciclaje, con ocasión de la celebración del primer Día de la Tierra. Anderson ganó 2.500 dólares que le permitieron seguir estudiando. Sin embargo, teniendo en cuenta que su logotipo, "chasing arrows", es hoy uno de los emblemas más reconocibles y reproducidos del mundo, que se imprime y se troquela en millones de productos cada día, 2.500 dólares parecen bien poco en retrospectiva. Si la convocatoria de aquel concurso no hubiera especificado que el logo pasaría a ser de dominio público, Gary Anderson no hubiera necesitado seguir estudiando ni, de hecho, hubiera tenido que trabajar más en su vida.

Claro que, ¿quién iba a pensar en 1970 que la sociedad en conjunto acabaría tomando conciencia de que no se puede producir, consumir y desechar sin límites? ¿Quién hubiera sostenido entonces que aceptaríamos de buen grado tener en casa, no un cubo de basura ni dos, sino tres y hasta cuatro, por el bien de la Tierra? El Día de la Tierra, por cierto, sigue celebrándose aún cada 22 de abril, pero el reciclaje ha cobrado tanta importancia por sí mismo que hoy en día cuenta con su propia efeméride, que celebramos hoy, 17 de mayo.

gary anderson y su logo
Gary Anderson y su logo "Chasing arrows"

Vuelta a la economía circular

Reciclar no es algo nuevo. En el pasado se entendía que un producto debía ser reparado siempre que se pudiera y, una vez que la reparación no fuera viable, reutilizado para otros usos. En contra de lo que pueda parecer, esta forma de pensar alcanzó sus más altas cotas en el siglo XIX coincidiendo con el arranque de la Revolución Industrial, que solemos evocar con imágenes de ferrocarriles, chimeneas y ciudades grises. Lo cierto es que en aquella época no sólo no se tiraba nada, sino que además se teorizaba sobre conceptos tan avanzados como la economía circular y la agricultura superior (basada en un ciclo de reaprovechamiento de residuos animales y vegetales en busca de la autosuficiencia). Por todo ello, los entendidos en la materia coinciden en señalar que aquel siglo XIX fue la era dorada del reciclaje.

Fue por tanto la llegada del petróleo a nuestras vidas en el siglo XX, y no la del carbón en el XIX, la que lo cambió todo. Fue entonces cuando dejamos de reutilizar nuestros deshechos en favor de una economía basada en la producción, el consumo y el rechazo.

Resulta, pues, que el reciclaje no es una novedad para la economía de mercado, sino la parte que le faltaba, la pieza que perdimos con la llegada del petróleo y que ahora nos empeñamos en recuperar. Y parece que la cosa no va mal del todo. Los primeros contenedores de reciclaje de envases que se instalaron en España en 1997 sólo recuperaron el 4,8% de los envases aquel año. En 2017 la cifra había aumentado hasta el 76%. Hablamos de 1.351.903 toneladas de residuos recuperados en un solo año, que de no haberse reciclado hubieran terminado languideciendo durante siglos en algún vertedero o, peor aún, flotando en algún océano. Claro que pensar en los productos no reciclados como una mera acumulación de basura es bastante simplista. La reutilización de materias tiene muchas más ventajas de las que a menudo pensamos. 

fabricas

Para empezar, reutilizar materias en lugar de tener que extraerlas y procesarlas supone un ahorro enorme en términos energéticos; eso es menos CO2 emitido a la atmósfera, menos calentamiento global, menos enfermedades respiratorias... Por otra parte, al alargar la vida de estos materiales, se reduce la explotación de muchos recursos que, no lo olvidemos, son finitos. Y por último, la industria del reciclaje se ha convertido en un sector beneficioso para la economía, tanto que según la Federación Española de la Recuperación y el Reciclado (FER), esta actividad genera al año en nuestro país más de 130.000 puestos de trabajo, directos e indirectos.

Ha costado años y mucho trabajo y dinero invertidos en concienciación que la sociedad entienda todo esto. Los viejos hábitos — algunos de los viejos hábitos— van quedado inexorablemente atrás. Decir "en mi casa no se recicla" no es, en pleno año 2018, una afirmación que te vaya a hacer muy popular. Tal vez incluso llegue un día en el que no tengamos que celebrar el Día del Reciclaje. Claro que aún queda mucho camino por recorrer, y no sólo en cuanto a cuota.

Asignaturas pendientes

Aunque el porcentaje de materiales recopilados para su reciclaje crece año tras año, parece que algunos usos son difíciles de cambiar. Mucha gente, por ejemplo, no hace distinción entre vidrio y cristal (no son lo mismo y no deben ir en el mismo contenedor), y eso que los contenedores de vidrio llevan con nosotros desde 1982. Tampoco todos los plásticos y metales son iguales: tetinas y biberones, utensilios de cocina, juguetes rotos y algunos cubos de plástico deberían ir al contenedor de restos, pero suelen acabar en el amarillo. En total, se estima que cerca de un 10% del material recogido en los distintos contenedores de reciclaje no está donde debería.

contenedores de basura

Otras metas a alcanzar están fuera del ámbito del reciclaje propiamente dicho, pero buscan un mismo objetivo: proteger nuestro planeta. No hace mucho que hemos tomado conciencia de que el plástico está por todas partes. Cada vez más gente busca maneras de evitar consumir productos innecesariamente envasados en recipientes de plástico. Es de esperar que, si más y más gente se une en este empeño, los fabricantes tenderán a abandonar su política de meterlo todo en cajas, bandejas y bolsas de plástico.

Tal vez no podamos detener la tendencia actual de producir y consumir como si fuera nuestro único objetivo como sociedad, pero está claro que, al menos, podemos hacerlo de forma más responsable: recopilando nuestros desechos, procesándolos y reintroduciéndolos de nuevo en el proceso productivo. Tres fases que buscaban representar las tres flechas del logotipo "chasing arrows" que pudo hacer millonario a Gary Anderson.