Bomba de calor alimentando un sistema de fancoils y suelo radiante

Calor, aún en los inviernos más fríos

A menudo, cuando nos planteamos cambiar nuestra caldera por una bomba de calor aerotérmica, nos sale al paso uno de los argumentos que los menos informados esgrimen habitualmente en contra de la aerotermia: “Una bomba de calor no funciona en lugares fríos”. Es una afirmación tan falsa como absurda. ¿Qué sentido tendría un sistema de calefacción que sólo funciona cuando hace calor? Y es que, en contra de lo que podamos pensar, la efectividad de nuestra calefacción depende en mayor medida de nuestras costumbres, del uso que hagamos de ella, que de nuestra zona de residencia. 

Han participado en este proyecto

Saunier Duval

Tecnología

Una de las características de nuestro país es la gran diversidad de climas que alberga. Sin salir de él podemos encontrar zonas húmedas de clima templado tanto en verano como en invierno; zonas secas, cálidas en invierno y tórridas en verano; zonas de clima extremo, muy frías en invierno y muy calientes en verano... Es razonable pensar, pues, que cada una de estas áreas impondrá sus propias exigencias en lo que a climatización se refiere. También que el potencial de cada zona en lo que a energías renovables se refiere será muy distinto. Pero, ¿es realmente esto así?

La aerotermia y el suelo radiante

La aerotermia es, ya lo hemos dicho muchas veces, el sistema más eficiente y respetuoso con el medio ambiente que podemos encontrar hoy en día. Al extraer energía térmica del aire exterior, la bomba térmica no contamina, apenas consume y además nos hace independientes de los combustibles. Pero ¿realmente tiene un buen rendimiento sea cual sea el clima de nuestra zona?

En contra de lo que podamos pensar, aunque estemos en un lugar en el que los inviernos son muy fríos, la adopción de la aerotermia como sistema de calefacción sigue siendo recomendable (de hecho es muy popular en países como Suecia). Y es que una bomba de calor es capaz de trabajar incluso a temperaturas por debajo de cero. Pensemos que el aire exterior siempre posee energía, mucha o poca, a no ser que esté a temperatura de 0 absoluto (establecida en unos increíbles 273ºC bajo cero, imposibles de encontrar en la Tierra). Sí, el rendimiento del aparato desciende a medida que la temperatura exterior es más y más fría, pero eso no es un problema con las temperaturas más bajas habituales en nuestro país. Y en cualquier caso, si se produce un pico de demanda inusualmente alto, siempre podemos valernos de un sistema eléctrico auxiliar, tal como comentamos en este post. Así pues, no importa realmente dónde vivamos, la aerotermia es, sin duda, el sistema más eficiente al que podemos aspirar. Y sí, funciona.

Por supuesto, al hablar de la aerotermia es inevitable hablar también de suelo radiante. Este sistema de calefacción no sólo trabaja en perfecta sintonía con la bomba de calor, sino que además proporciona un nivel de confort muy superior al que ofrecen los radiadores tradicionales. Pero aquí sí hay ciertas particularidades que debemos comprender.

No importa realmente dónde vivamos, la aerotermia es, sin duda, el sistema más eficiente al que podemos aspirar. 

Inercia térmica

La inercia térmica es la propiedad que indica la cantidad de calor que puede conservar un cuerpo y la velocidad con que lo cede o absorbe. Es un tema de máxima importancia cuando hablamos de climatización. Los radiadores convencionales de aluminio, por ejemplo, tienen una inercia térmica muy baja, por lo que se calentarán muy rápido en cuanto encendamos la calefacción, pero se enfriarán igual de rápido cuando la apaguemos. En la práctica, aunque podamos calentar la casa muy rápido, una inercia térmica baja supone que el mantenimiento del calor que hayamos producido durante el tiempo en el que ha estado funcionando la calefacción depende ahora por completo del aislamiento de la vivienda... o de seguir teniendo la calefacción a pleno rendimiento.

El suelo radiante, por el contrario, tiene una gran inercia térmica. Al estar instalado bajo la solera, el serpentín por el que circula el agua comienza caldeando la capa de mortero inmediatamente superior a él; desde ahí, el calor es transmitido de manera homogénea por toda la superficie de la vivienda, lo que produce una gran sensación de confort. Esto implica que tardaremos algo más en notar cómo se calienta nuestra casa que con un sistema convencional de radiadores, pero a cambio seguiremos obteniendo calor mucho tiempo después de que hayamos apagado la calefacción. Y esto, claro está, facilita mucho el mantenimiento de una temperatura confortable.  

La aerotermia y el suelo radiante conforman, por lo tanto, un buen sistema de climatización independientemente de dónde vivamos. Sin embargo, la inercia térmica introduce una variable interesante: ¿Qué ocurre si la vivienda no es nuestra residencia habitual, sino una casa de fin de semana? El uso esporádico que hacemos de ella podría obligarnos a calentarla o enfriarla muy rápidamente de manera habitual, por lo que la inercia térmica del suelo radiante podría suponer un problema.

Gracias a la inercia térmica seguiremos obteniendo calor mucho tiempo después de haber apagado la calefacción 

Fancoils como sistema de apoyo

La solución en este caso consiste en encontrar un sistema auxiliar capaz de calentar o refrigerar la casa rápidamente mientras el suelo radiante "vence" su inercia térmica. Dado que esta propiedad funciona en ambos sentidos (tarda más en calentar/enfriar, pero calienta/enfría durante mucho más tiempo), el sistema auxiliar sólo tendría que trabajar para cubrir saltos térmicos muy rápidos, y nunca para mantener la temperatura.

Si hay una tecnología capaz de enfriar/calentar muy rápido y dejar de hacerlo tan rápido como se le requiera, esa es la de los fancoils o ventiloconvectores. Se trata de un sistema aire-agua en el que la bomba de calor alimenta un intercambiador que calienta o enfría una corriente de aire impulsada por ventiladores. Las unidades interiores (los fancoils propiamente dichos) pueden estar discretamente integradas en las paredes o en el techo, en caso de viviendas de nueva construcción, o a la vista, como ocurre con los radiadores convencionales (aunque su eficiencia es muy superior a la de estos).

Fancoil AW de Saunier Duval

La gran ventaja de este modelo mixto es que ambos sistemas, suelo radiante y fancoils, pueden funcionar a la vez, alimentados por una misma bomba de calor. Así, cuando sea necesario enfriar o calentar muy rápido la vivienda (o una de sus estancias), los fancoils harán que notemos enseguida el cambio de temperatura, en tanto que el suelo radiante va "cargando" la solera de calor (o frescor) que después liberará durante horas. En cuanto el suelo radiante haya vencido su inercia térmica, podremos apagar los fancoils y mantener la temperatura exclusivamente con la bomba de calor y el suelo radiante.

Así pues, parece obvio que, más que el clima, son nuestros usos los que determinan qué sistema de calefacción nos conviene. Una bomba de calor y un suelo radiante funcionarán bien en cualquier caso, durante inviernos gélidos como los de Burgos o cálidos, como los de Barcelona. Es el uso que damos a la vivienda lo que puede determinar si este sistema requiere de un apoyo extra o no. No es igual calentar una casa cada dos por tres, que mantener su temperatura indefinidamente.